
El Corazón de Jesús es signo de salvación para la humanidad.
“¡Oh Señor Jesús!, Vuestro Corazón fue herido en la cruz, a fin de que de esta herida visible a nuestra vista, podamos ver la herida invisible de vuestro corazón”. Jn 19,34: “Uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua”.
Al ser traspasado el costado de Jesús se dio cumplimiento a la profecía de Zacarías: “mirarán al que traspasaron” (Zac 12,10) “derramará espíritu de gracia y oración” (Zac 12,10) “se abrirá una fuente abierta para todos” (Zac 13,1).
De la fuente abierta fluyen Sangre y Agua: De su Corazón traspasado brotó sangre y agua. Por eso, en la imagen de la Divina Misericordia, el Señor se revela con dos rayos, uno rojo y otro transparente.
Sangre: representa su sacrificio, el precio que pagó por salvar a la humanidad. En todos los pueblos y principalmente entre los judíos, la sangre de las víctimas era esparcida para la expiación y reparación de los pecados. Su Sangre procede de su Corazón, no solo físicamente sino que espiritualmente. San Pablo nos dice que la Sangre de Cristo nos compró. Jesús ofreció toda su sangre (hasta la última gota) para nuestra salvación. Se entregó enteramente como holocausto por nuestros pecados. Su sangre fue pacificadora. De valor infinito, que sobrepasaba todas las deudas de todos los hombres. Fue como un tesoro universal, donde todos los pecadores pudieron desde que brotó de su Corazón tomar de ella, como una fuente, y así adquirir la vida de la gracia. Nos purifica nuestras manchas y nos abre las puertas del cielo.
Agua: el don del Espíritu obtenido por su Corazón para todos. El Espíritu Santo viene a purificar los corazones. “Jesús puesto en pié gritó: Si alguno tiene sed, venga a mí” (Jn 7,37-39).
En esta ocasión Jesús se presenta como la fuente de agua viva. Así como El había invitado a los cansados y agobiados a encontrar descanso (Cf. Mt 11,28) aquí invita a los que estén sedientos y creen en él, a beber del agua viva que “brotará de su seno”.
En el Antiguo Testamento se anuncian los tiempos mesiánicos con un derramamiento del Espíritu Santo simbolizado en el signo del agua. El E.S. sería el don que actualizaría la salvación que el Mesías alcanzaría para todos los hombres. El profeta Ez en 47,1-12, describe una corriente que brota del interior del Templo, y por donde pasa trae sanación, fertilidad y abundancia de vida. El profeta Zacarías anuncia una fuente de agua que se abrirá trayendo liberación de las impurezas e idolatrías.
A la Samaritana, Cristo, le ofrece un agua que solo El podía dar. Agua viva que se convertiría en torrente de vida y santidad en el interior del creyente (Cf. Jn 4). En la Fiesta de las Tiendas pedían lluvia. Jesús proclama que solo en El encuentra el hombre el agua de una vida nueva. Agua que brota de su seno o sea de su Corazón. En el significado de estos dos elementos, La Sangre y el Agua, descubrimos que el centro de la Redención del hombre está en el corazón de Jesús.
La llaga: representa la puerta abierta del Reino de los Cielos. El Reino estaba cerrado para nosotros y Cristo lo abre con su sacrificio redentor. Por esa puerta, fluye el amor de Dios para la humanidad, por esa puerta debe entrar la humanidad a la Casa del Padre. "La real puerta por la que bulle el amor de Dios hacia nosotros es la del Corazón de su Hijo, traspasado en la cruz. En ella es donde se encuentra la puerta santa, la puerta jubilar. Dichoso aquel que, habiendo descubierto esta fuente de amor, no sabe separarse nunca de ella. Dichoso aquel que, bebiendo de esta fuente de amor, ve su sed acrecentarse en el mismo instante en el que ella lo colma". (Cardenal Etchegaray, presidente de comité para el Jubileo del 2000).Su amor es la razón de la redención: Mi Corazón está colmado de amor y misericordia para las almas, especialmente para lo pobres pecadores. Oh, si pudieran comprender que para ellas ha brotado Sangre y Agua como de una fuente desbordante de misericordia y salvación (A Santa Faustina)
San Juan, el Apóstol que nos narra el traspaso del Corazón de Jesús, considera esto como el Signo visible de la salvación. A esta fuente de redención debemos dirigirnos para alcanzar la salvación. El Santo Padre, en su carta Tertio Milenio Adviente y en Fátima, nos dirigió la mirada hacia el Corazón de Cristo y nos dijo que entrando en el Corazón de Cristo, regresamos a esa fuente abierta de salvación y entramos así en la Casa del Padre.
“¡Oh Señor Jesús!, Vuestro Corazón fue herido en la cruz, a fin de que de esta herida visible a nuestra vista, podamos ver la herida invisible de vuestro corazón”. Jn 19,34: “Uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua”.
Al ser traspasado el costado de Jesús se dio cumplimiento a la profecía de Zacarías: “mirarán al que traspasaron” (Zac 12,10) “derramará espíritu de gracia y oración” (Zac 12,10) “se abrirá una fuente abierta para todos” (Zac 13,1).
De la fuente abierta fluyen Sangre y Agua: De su Corazón traspasado brotó sangre y agua. Por eso, en la imagen de la Divina Misericordia, el Señor se revela con dos rayos, uno rojo y otro transparente.
Sangre: representa su sacrificio, el precio que pagó por salvar a la humanidad. En todos los pueblos y principalmente entre los judíos, la sangre de las víctimas era esparcida para la expiación y reparación de los pecados. Su Sangre procede de su Corazón, no solo físicamente sino que espiritualmente. San Pablo nos dice que la Sangre de Cristo nos compró. Jesús ofreció toda su sangre (hasta la última gota) para nuestra salvación. Se entregó enteramente como holocausto por nuestros pecados. Su sangre fue pacificadora. De valor infinito, que sobrepasaba todas las deudas de todos los hombres. Fue como un tesoro universal, donde todos los pecadores pudieron desde que brotó de su Corazón tomar de ella, como una fuente, y así adquirir la vida de la gracia. Nos purifica nuestras manchas y nos abre las puertas del cielo.
Agua: el don del Espíritu obtenido por su Corazón para todos. El Espíritu Santo viene a purificar los corazones. “Jesús puesto en pié gritó: Si alguno tiene sed, venga a mí” (Jn 7,37-39).
En esta ocasión Jesús se presenta como la fuente de agua viva. Así como El había invitado a los cansados y agobiados a encontrar descanso (Cf. Mt 11,28) aquí invita a los que estén sedientos y creen en él, a beber del agua viva que “brotará de su seno”.
En el Antiguo Testamento se anuncian los tiempos mesiánicos con un derramamiento del Espíritu Santo simbolizado en el signo del agua. El E.S. sería el don que actualizaría la salvación que el Mesías alcanzaría para todos los hombres. El profeta Ez en 47,1-12, describe una corriente que brota del interior del Templo, y por donde pasa trae sanación, fertilidad y abundancia de vida. El profeta Zacarías anuncia una fuente de agua que se abrirá trayendo liberación de las impurezas e idolatrías.
A la Samaritana, Cristo, le ofrece un agua que solo El podía dar. Agua viva que se convertiría en torrente de vida y santidad en el interior del creyente (Cf. Jn 4). En la Fiesta de las Tiendas pedían lluvia. Jesús proclama que solo en El encuentra el hombre el agua de una vida nueva. Agua que brota de su seno o sea de su Corazón. En el significado de estos dos elementos, La Sangre y el Agua, descubrimos que el centro de la Redención del hombre está en el corazón de Jesús.
La llaga: representa la puerta abierta del Reino de los Cielos. El Reino estaba cerrado para nosotros y Cristo lo abre con su sacrificio redentor. Por esa puerta, fluye el amor de Dios para la humanidad, por esa puerta debe entrar la humanidad a la Casa del Padre. "La real puerta por la que bulle el amor de Dios hacia nosotros es la del Corazón de su Hijo, traspasado en la cruz. En ella es donde se encuentra la puerta santa, la puerta jubilar. Dichoso aquel que, habiendo descubierto esta fuente de amor, no sabe separarse nunca de ella. Dichoso aquel que, bebiendo de esta fuente de amor, ve su sed acrecentarse en el mismo instante en el que ella lo colma". (Cardenal Etchegaray, presidente de comité para el Jubileo del 2000).Su amor es la razón de la redención: Mi Corazón está colmado de amor y misericordia para las almas, especialmente para lo pobres pecadores. Oh, si pudieran comprender que para ellas ha brotado Sangre y Agua como de una fuente desbordante de misericordia y salvación (A Santa Faustina)
San Juan, el Apóstol que nos narra el traspaso del Corazón de Jesús, considera esto como el Signo visible de la salvación. A esta fuente de redención debemos dirigirnos para alcanzar la salvación. El Santo Padre, en su carta Tertio Milenio Adviente y en Fátima, nos dirigió la mirada hacia el Corazón de Cristo y nos dijo que entrando en el Corazón de Cristo, regresamos a esa fuente abierta de salvación y entramos así en la Casa del Padre.




